Los antecedentes más remotos de un afán independentista en el Perú, con relación a la corona española, se pueden notar en los intentos de algunos de los primeros conquistadores españoles por liberarse del dominio del rey de Castilla. Luego, a lo largo del
siglo XVIII, se sucedieron múltiples movimientos y manifestaciones indígenas contra la dominación colonial y el trato de las autoridades coloniales, algunos de las cuales devinieron en auténticas rebeliones. La aplicación de las
reformas borbónicas incrementó la desazón y la inconformidad tuvo su estallido en la
revolución de Túpac Amaru II, la cual terminó en la represión de aquella revuelta aunque permaneció latente el germen del descontento indígena.Se discute si éstos movimientos indígenas deben o no ser considerados como precedentes de la posterior emancipación protagonizada por sectores criollos de la población peruana.
Al producirse la invasión francesa a España, los reyes Carlos IV y su hijo Fernando VII renunciaron al trono de España en favor de Napoleón Bonaparte. El emperador francés, poco después, cedió tales derechos a su hermano José Bonaparte, quien reinó con el nombre de José I. Como consecuencia de ello y de la invasión francesa a España, en diversos puntos de la América española se crearon juntas autónomas de gobierno, sin pretender cambiar el orden colonial. Fue entonces que el virrey
Abascal hizo del
Ejército Real del Perú y del virreinato peruano la base de la contrarrevolución sobre el Alto Perú, Quito, Chile y Argentina. Los primeras rebeliones autónomas peruanas surgieron desde 1811 en este contexto de descontento indígena y colaboración criolla con la
revolución rioplatense sin alcanzar la libertad del país.
En lo político se cortó la dependencia de España; en lo económico se mantuvo la dependencia de Europa y en lo social el despojo de tierras a indígenas se acentuó en la era republicana.
4 El empleado doméstico indígena fue tratado de forma inhumana, incluso en las primeras décadas del siglo XX.
5 El indígena consiguió la ciudadanía abierta del Perú en el mismo nacimiento de la república, el
27 de agosto de
1821.
6 7 Sin embargo, en pleno siglo XXI se sigue construyendo una sociedad genuinamente democrática, donde sea posible la plena garantía y el respeto de los derechos humanos.
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Rebeliones durante la conquista y el período colonial[editar]
Ninguno de estas primeras rebeliones consigue el objetivo de la independencia de la corona española.
Guerras civiles entre los conquistadores[editar]
Gonzalo Pizarro, pretendió hacer el Perú independiente a la cabeza de los encomenderos entre 1542-1544, y aconsejado por
Francisco de Carvajal con aspiraciones a rey del Perú, y se rebeló contra la autoridad del primer virrey enviado para reprimir a los conquistadores que aspiraban a la independencia. Finalmente fue derrotado tras un gobierno efímero de tres años.
9 10 Como consecuencia de estas rebeliones los descendientes de los principales conquistadores fueron trasladados a España, como la familia Pizarro, entre ellos la hija del conquistador,
Francisca Pizarro Yupanqui.
Guerra de reconquista incaica. Utopía andina[editar]
Las rebeliones durante la conquista y el período colonial del Perú se produjeron desde la
captura del inca Atahualpa en la emboscada de
Cajamarca, el
16 de noviembre de
1532, y que llevó a la conquista del
Imperio inca por parte de
Francisco Pizarro. Algunos pretendidos sucesores de los incas trataron en varias ocasiones de retomar el país, reconquistar su imperio e instalar de nuevo su gobierno. Unos intentos ocurrieron inmediatamente; otros, más tarde, en los siglos
XVII y
XVIII.
La guerra de reconquista incaica la encabezó
Manco Inca en 1536, quien puso sitio al Cuzco y tomó la fortaleza de
Sacsayhuaman, consiguiendo exterminar a importantes partidas de soldados españoles. Uno de sus lugartenientes,
Titu Yupanqui, sitió a la recién fundada ciudad de
Lima, en la costa. Los españoles resistieron tanto en Lima como en el Cuzco, con el apoyo de miles de indios auxiliares (cañaris, chachapoyas, huancas). Sin embargo, debido a la amenaza de la hambruna, Manco Inca se vio obligado a licenciar a sus fuerzas y se refugió en las selvas de Vilcabamba, con el propósito de renovar la rebelión. Durante algún tiempo se consagró a enviar a sus tropas a incursionar en los poblados fundados por los españoles, hasta que resultó asesinado hacia 1542, a manos de unos almagristas a los que había dado refugio. Sus sucesores, llamados
incas de Vilcabamba, mantuvieron la resistencia en dicha zona hasta
1572, cuando el último de ellos,
Túpac Amaru I, fue capturado y llevado al Cuzco, donde fue ejecutado.
Protestas y rebeliones del siglo XVIII[editar]
En el
siglo XVIII, estallaron en el territorio del Virreinato del Perú protestas y rebeliones de la más diversa índole, que se originaron, indistintamente, por los abusos de los funcionarios reales y el mal gobierno de las autoridades virreinales. En especial, los corregidores fueron el centro principal de las quejas, ya que cometían una serie de abusos y excesos sobre la población indígena, en lo referente a la distribución del trabajo en las mitas, el cobro de los tributos y el repartimiento de mercaderías. Las
reformas borbónicas, que implicaron el aumento de los impuestos y otras contribuciones, fueron otro factor agravante del descontento popular. Al principio, algunos curacas e indios principales creyeron que, enviando memoriales de quejas al monarca español, lograrían la atención de la Corona, para que rectificara las injusticias. Pero al constatar que esto no daba resultado, muchos de ellos tramaron rebeliones armadas, algunas abortadas antes de estallar y las que estallaron fueron debeladas por las fuerzas del virrey de la manera más brutal.
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Estas fueron las más importantes protestas y rebeliones estalladas en el siglo XVIII:
12
- 1724-1736. La rebelión de los indios de Azángaro, Carabaya, Cotabambas y Castrovirreyna, quienes dieron muerte a sus corregidores, como reacción frente al abuso que cometían estos funcionarios. La rebelión fue cruelmente reprimida, siendo los indios masacrados, ajusticiados sin juicio, y condenados de por vida a las mitas de Potosí y Huancavelica, así como a los obrajes y panaderías.
- 1722-1732. Protestas de Vicente Mora Chimo Cápac, curaca de Chicama (norte del Perú) y descendiente de los reyes chimúes e incas. Este personaje viajó sin autorización a España, donde presentó sucesivos memoriales ante el rey de España, reclamando justicia para los indios y quejándose de los funcionarios reales.
- 1736. Protesta de los caciques de Paita. Estos, tras esquivar la rígida censura virreinal, lograron hacen llegar a la corte de Madrid un extenso memorial conteniendo denuncias y reclamaciones en favor de los indios.
- 1737. Rebelión de Andrés Ignacio Cacma Condori y José Orco Huaranca, curacas pertenecientes a las antiguas panacas incas del Cuzco. En la conjura se hallaban implicados otros 17 curacas. Al producirse hechos violentos en Azángaro, las autoridades virreinales actuaron con gran rapidez, deteniendo a 89 indios principales del Cuzco, mientras que columnas milicianas armadas por los mercaderes entraban en Azángaro, donde, tras cometer excesos de todo tipo, apresaron a 39 indios sindicados como cabecillas de la rebelión. Todos los implicados fueron condenados a diversas penas: prisiones, mitas forzadas y a ración en las minas, obrajes y panaderías.
- 1739. La conspiración de Oruro (Alto Perú), bajo el mando de Juan Vélez de Córdova. Este personaje se proclamó descendiente de los reyes incas y exigió a través de un “Manifiesto de agravios” el fin de la dominación española, fundamentando esta exigencia en el hecho que los funcionarios españoles se dedicaban solo a expoliar a las poblaciones, cuando el fin primordial de la dominación española había sido la evangelización. Poco antes de su estallido, el movimiento fue delatado; Vélez y otros cabecillas fueron capturados y ajusticiados.
- 1742-1756. La rebelión de Juan Santos Atahualpa, caudillo mestizo que se proclamó descendiente de los Incas y tuvo el propósito expreso de restaurar el Imperio incaico y expulsar a los españoles. Al frente de las tribus selváticas, logró controlar un extenso territorio de la selva central del Virreinato del Perú, el llamado Gran Pajonal, llegando a amagar la sierra central. Si bien la rebelión no llegó a extenderse más allá de esos límites, tampoco pudo ser sometida por la autoridad virreinal. Juan Santos desapareció misteriosamente en 1756, desconociéndose la fecha y las circunstancias de su fallecimiento.
- 1750. La revolución de Huarochirí. Encabezada por Francisco Inca y Pedro de los Santos, en protesta por los abusos y arbitrariedades de las autoridades virreinales. Los insurgentes tomaron la ciudad de Huarochirí, a cuyo corregidor ajusticiaron. Las fuerzas virreinales, al mando del Marqués de Monterrico, cercaron Huarochirí, donde los rebeldes resistieron con heroísmo, hasta ser derrotados. Los líderes de la revuelta fueron apresados; algunos fueron asesinados y otros llevados a Lima, donde fueron ajusticiados.
- 1766. Movimiento de Quito, en la que participaron indios y mestizos, en protesta por el establecimiento de las aduanas. Se produjeron diversos motines y tumultos en dicha ciudad, a lo largo de dicho año. Desde Lima se enviaron tropas, para apaciguar a la población exaltada.
- 1770. Movimiento de Sica Sica (Alto Perú). Los indios de dicha localidad dieron muerte al teniente del corregidor y atacaron con suma violencia el corregidor. La represión dejó como saldo cientos de indígenas masacrados.
- 1771. Movimiento de Pacajes (Alto Perú). Los indios de dicha localidad dieron muerte a su corregidor y persiguieron a los coadjutores de estos. Igualmente fue reprimido severamente.
- 1773. Protesta de Santiago de Chuco (en el actual departamento de La Libertad), protagonizada por indios y mestizos, por los exorbitantes precios de las mercaderías dadas en reparto por el corregidor. Como al año siguiente se renovaron estas protestas, las autoridades apresaron a los líderes visibles.
- 1774. Rebelión de Chumbivilcas. Se originó cuando el corregidor de esta localidad apresó al curaca local por encabezar la protesta general contra los repartimientos de mercaderías. Los indios reaccionaron violentamente y dieron muerte al corregidor. El alzamiento fue aplastado con un saldo elevado de vidas.
- 1774. Rebelión de los indios de la villa de Llata, contra los abusos del corregidor, al que dieron muerte.
- 1776. Rebelión de los indios de Urubamba, que lograron expulsar a las autoridades coloniales. Estas regresaron con refuerzos militares y reprimieron a los rebeldes con extrema ferocidad.
- 1780-1781. La rebelión de los hermanos Catari en el Alto Perú. Ellos eran Tomás, Nicolás y Dámaso Catari. Actuaron en relación con la revolución de Túpac Amaru II. Tomás Catari fue capturado por los españoles y despeñado el 15 de enero de 1781. Sus hermanos acabaron siendo sucesivamente delatados y apresados. Dámaso Catari fue ejecutado el 27 de abril y Nicolás Catari el 7 de mayo del mismo año.13
- 1780. Conspiración de los plateros en el Cuzco. Los plateros Lorenzo Farfán de los Godos, Ildefonso Castillo, Juan de Dios Vera, Diego Aguilar, Ascensio Vergara, José Gómez y Eugenio Cárdenas, se complotaron con el influyente curaca de Písac, Bernardo Tambohuacso Pumayali. Descubierta la conspiración, Farfán de los Godos y otros seis plateros fueron apresados y ajusticiados, en junio de 1780. Posteriormente fue capturado el curaca Tambowaqso, que fue ajusticiado el 17 de noviembre de 1780, días después del estallido de la revolución de Túpac Amaru II.
- 1780-1781. La rebelión de José Gabriel Condorcanqui, Túpac Amaru II, sin duda, la más importante de este periodo, que estalló en Tinta el 4 de noviembre de 1780 (ver sección siguiente).
Rebelión de Túpac Amaru II (1780-1781)[editar]
Descendiente de la realeza inca, José Gabriel Condorcanqui, cacique de Surimana, Tungasuca y Pampamarca, adoptó el nombre de Túpac Amaru II y encabezó la más formidable revolución indígena de la época colonial, en protesta por el maltrato que recibían los indios por parte de los corregidores. Entre sus exigencias figuraba la supresión de los corregimientos y la creación de una Real Audiencia en el Cuzco para una rápida administración de justicia, ya que solo existía la Real Audiencia de Lima para todo el territorio del Virreinato. A estos reclamos, se unió posteriormente su deseo de separarse del yugo español; es decir, su rebelión, originalmente de tendencia reformista, se convirtió en separatista. Para algunos analistas, fue el iniciador de la lucha por la emancipación política del Perú.
La rebelión estalló el 4 de noviembre de 1780 en el pueblo de Tinta (50 leguas al sur del Cuzco) y puso en movimiento a todo el sur del Virreinato del Perú, hasta la región de Charcas. Repercutió, además, en el resto de los dominios españoles de Sudamérica.
El primer episodio de la revolución fue el apresamiento del odiado corregidor de Tinta, Antonio de Arriaga, quien fue ejecutado públicamente. Acto seguido, Túpac Amaru se puso en marcha hacia el norte contando con la simpatía y adhesión de los pobladores que, en su mayoría, estabas armados de picos, palos, hachas y sólo algunas armas de fuego. En estas condiciones, ganó la
batalla de Sangarará, librada el 18 de noviembre de 1780. Pero no quiso todavía dirigirse al Cuzco y prefirió retirarse a Tinta, donde el día 27, lanzó un manifiesto explicando las causas que le habían llevado a la sublevación. Poco después, a inicios de diciembre se dirigió al sur, atravesó la cadena del Vilcanota, pasó por Lampa, Pucará y penetró en Azángaro, extenso recorrido con el que pretendía ganar adeptos a su causa.
14
El virrey
Agustín de Jáuregui envió al Cuzco al visitador
José Antonio de Areche, con poderes extraordinarios para sofocar la rebelión, teniendo como ejecutar inmediato al mariscal José del Valle. Es así como los españoles, con refuerzos llegados desde Lima, enfrentaron a Túpac Amaru, que ya por entonces (enero de 1781), se había decidido a atacar el Cuzco. Sin embargo, éste no pudo doblegar el poderío de las fuerzas realistas y sufrió sendos reveses en las batallas de
Checacupe y
Combapata, por lo que se vio obligado a retroceder. Los realistas, en su persecución, ingresaron a sangre y fuego a Tinta, que fue totalmente destruida. El inca, su mujer y sus tres hijos huyeron a la villa de Langui donde fueron apresados por la traición de un partidario suyo. Enseguida, fue a parar a manos de Areche. Sufrió atroces torturas, para que delatara a sus colaboradores cuzqueños, pero permaneció hermético. Finalmente fue sentenciado a muerte.
El 18 de mayo de 1781, en la
Plaza de Armas del Cuzco, Túpac Amaru II fue descuartizado a hachazos, luego de un intento fallido de desmembrarlo usando la fuerza de cuatro caballos. Previamente, se le obligó a presenciar la muerte de su esposa
Micaela Bastidas, de sus dos hijos mayores y de otros familiares y partidarios suyos. Su hijo menor, Fernando, fue enviado a los presidios de África. Sus miembros mutilados fueron enviados a distintos puntos del sur del virreinato y clavados en picas, para que sirviera de escarmiento a las poblaciones rebeldes.
15 Sin embargo, el espíritu de lucha se mantuvo entre sus partidarios, quienes, encabezados por
Diego Cristóbal Túpac Amaru (primo suyo), se mantuvieron en pie de lucha hasta principios de 1782.
16
El horrendo sacrificio de Túpac Amaru y la represión feroz de la rebelión (cuyo saldo, según el cálculo de los mismos represores, fue de 120.000 hombres andinos muertos
17 ), avivó más la rebeldía contra la dominación española. Obligó a la corona española concentrar sus fuerzas en el sur peruano, de modo que dicha zona se convirtió en el último bastión del poder español en Sudamérica. Además, en su momento el sacrificio de Túpac Amaru II no resultó estéril, pues a raíz de esta rebelión se suprimieron los corregimientos y se creó la Real Audiencia del Cuzco, tal como lo había exigido el inca rebelde.
18
La rebelión de Túpac Amaru constituye, a decir del historiador
Carlos Daniel Valcárcel,
«el movimiento anti-colonialista, reivindicados y precursor de justicia social e independencia política más importante que haya tenido el Perú. Su valor aumenta si lo recordamos como un suceso anterior a la revolución francesa —que tantos otros movimientos propició—, acaecido cuando todavía la revolución separatista estadounidense estaba en plena pugna».
19
Rebelión de Túpac Catari[editar]
Una segunda fase de la revolución tupacamarista la protagonizó el caudillo aimara Julián Apaza en el
Alto Perú. Este personaje adoptó el nombre de
Túpac Catari (en homenaje a Túpac Amaru II y Tomás Catari) y a la cabeza de 40.000 indios puso sitio a
La Paz (13 de marzo de 1781); exigió la entrega de los corregidores y el retiro de los españoles. Aunque suspendió el cerco en julio, lo estrechó más y lo mantuvo hasta el 17 de octubre, teniendo que retirarse para concertar nuevas acciones. Pero traicionado y entregado a las autoridades españolas (10 de noviembre) fue condenado a ser arrastrado atado a la cola de un caballo y luego descuartizado por cuatro caballos (13 de noviembre).
20
Conspiraciones entre 1782 y 1810[editar]
Entre el fin de la revolución de Túpac Amaru II y el inicio de la guerra de la independencia hispanoamericana de 1810-1824, tuvieron lugar en el Perú otras conspiraciones y revueltas, como las siguientes:
- El movimiento de Huarochirí (1782), encabezado por Felipe Velasco Túpac Inca Yupanqui, con apoyo del indio Ciriaco Flores y en conexión con Diego Cristóbal Túpac Amaru. Movilizó a seis pueblos de la provincia de Huarochirí. El virrey envió contra ellos al corregidor de Huarochirí, al gobernador de Yauyos y a un destacamento de Lima. Los agitadores fueron sorprendidos y tomados prisioneros. Sometido a proceso, Felipe Velasco Túpac Inca Yupanqui fue ejecutado en Lima, el 7 de julio de 1783.21
- La conspiración del Cuzco de José Gabriel Aguilar y Manuel Ubalde (1805). El primero era un minero huanuqueño y el segundo un abogado arequipeño, que se conocieron en Lima y se hicieron amigos. Luego coincidieron en el Cuzco, donde, con el apoyo de diversas personalidades, tramaron un plan para independizar al Perú y restaurar elIncanato. Delatados antes de producirse el alzamiento, fueron apresados y ajusticiados, el 5 de diciembre de 1805.22
Levantamientos autónomos del Perú en la independencia hispanoamericana (1811 - 1815)[editar]
El principal detonante de la independencia hispanoamericana fue el descabezamiento de la monarquía con la
invasión napoleónica a España en
1808. Desde entonces, los patriotas, denominados así por su identificación con América (la Patria Grande), recurrieron a las armas con el objeto de defender su libertad y obtuvieron finalmente la independencia con respecto de España. La emancipación forma parte del periodo denominado de revoluciones Atlánticas, que ocurre entre finales del siglo XVIII y principios del XIX. Se trata de hechos tales como la
independencia de Estados Unidos en
1776, la
Revolución francesa de
1789, y la
Revolución haitiana (1791), que ocurrieron fuera del mundo hispano y proponían formas de gobierno republicanas para los nuevos países independientes.
Tacna y las expediciones rioplatenses al Alto Perú[editar]
Primera revuelta de Tacna de 1811[editar]
Los patriotas
peruanos, conocedores del avance de los ejércitos argentinos en el Alto Perú (actual
Bolivia), organizaron en
Tacna un movimiento libertario contra el
virrey José Fernando de Abascal y Sousa. El
20 de junio de 1811 (día de la
batalla de Guaqui, en donde las tropas realistas al mando del general
José Manuel de Goyeneche vencieron a los independentistas rioplatenses), los patriotas, dirigidos por
Francisco Antonio de Zela, asaltaron los dos cuarteles militares realistas de Tacna, proclamando a Zela comandante militar de la plaza, a Rabino Gabino Barrios como coronel de milicias de infantería y al curaca Toribio Ara como comandante de la división de caballería. El día
25 de junio se supo en Tacna de la derrota de los patriotas argentinos en Guaqui. Aprovechando el desconcierto provocado por la noticia, los realistas desmontaron el movimiento y tomaron preso a
Francisco Antonio de Zela, a quien llevaron a
Lima donde fue condenado a cadena perpetua en la cárcel de
Chagres,
Panamá, donde falleció en
1819, a los 50 años de edad.
Segunda revuelta de Tacna de 1813[editar]
El
tacneño Juan Francisco Paillardelli fue emisario de Belgrano en las coordinaciones que el general argentino pretendió establecer en Perú. Junto a Juan Francisco Paillardelli, su hermano
Enrique Paillardelli conspiraba en Tacna y Julián Peñaranda lo hacía en
Tarapacá. Enrique recibió sus instrucciones de Belgrano en
Puno. El plan consistía en concertar el alzamiento de todo el sur del Perú. Bajo el liderazgo de Enrique Paillardelli, los patriotas tacneños, el
3 de octubre de 1813, se apoderaron de los cuarteles tacneños y apresaron al gobernador realista de la provincia.
El
intendente de Arequipa, José Gabriel Moscoso, enterado de los acontecimientos, envió una milicia realista al mando de José García de Santiago. Se produjo el combate de Camiara, el
13 de octubre, donde fueron derrotados los patriotas de Paillardelli que se replegaron a Tacna. A los pocos días se supo de la derrota de Belgrano y los patriotas se volvieron a dispersar. Enrique Paillardelli y unos cuantos seguidores huyeron hacia el Alto Perú, el
3 de noviembre de 1813, mientras que Tacna fue retomada por los
realistas.
Rebelión de Huánuco de 1812[editar]
La rebelión indígena de
Huánuco del
22 de febrero de
1812 se dirigió contra el régimen colonial. Las tropas del virrey se organizaron en
Cerro de Pasco y se dirigieron a Huánuco, donde se produjo la batalla de Ambo el
5 de marzo de 1812. El
intendente de Tarma José González Prada reconquistó Ambo el
10 de marzo con un contingente colonial. Los rebeldes abandonaron
Ambo y
Huánuco; los realistas entraron a ambas ciudades el
19 de marzo de 1812. González Prada salió de la ciudad en persecución de los insurrectos, que contaban con 2.000 hombres. Los indígenas se dispersaron y los cabecillas fueron capturados por González Prada, entre ellos, a
Juan José Crespo y Castillo, al curaca Norberto Haro y al alcalde pedáneo de
Huamalíes, José Rodríguez, quienes fueron enjuiciados sumariamente y ejecutados con la pena del garrote. A otros sublevados se les
desterró y muchos fueron puestos en prisión.
Rebelión del Cuzco de 1814[editar]
En
1814, se produjo la
Rebelión del Cuzco que abarcó el sur del
virreinato del Perú. La rebelión de
1814 se inició con la confrontación política entre el Cabildo Constitucional y la
Real Audiencia del Cuzco: el primero era percibido como pro americano y el segundo como pro peninsular. A raíz de este enfrentamiento, fueron encarcelados los
hermanos Angulo a fines de 1813. Para agosto de 1814, los hermanos Angulo y otros criollos escaparon y tomaron el control de la ciudad del Cuzco. En esos momentos, ya se habían aliado con el brigadier y cacique de Chincheros
Mateo Pumacahua. Este último personaje fue uno de los grandes defensores de la
monarquía española durante la rebelión de
Túpac Amaru II y comandante de los indígenas realistas en la
batalla de Guaqui; sin embargo, había cambiado su postura beligerante movido por imposición del virrey Abascal de no garantizar el cumplimiento de la
Constitución de Cádiz de 1812 en el virreinato del Perú.

Los hermanos José, Vicente y Mariano Angulo, líderes de la Rebelión del Cuzco de 1814.

Mateo Pumacahua, cacique de Chinchero y otro de los líderes de la Rebelión del Cuzco.
Los
hermanos Angulo y Pumacahua organizaron un ejército divido en tres secciones: la primera de ellas fue enviada al Alto Perú, al mando del arequipeño
Juan Manuel Pinelo y del cura argentino
Ildefonso Muñecas. Estas fuerzas rodearon
La Paz con 500 fusileros y 20.000 indios armados con piedras y hondas, el
14 de septiembre de 1814. El
24 del mismo mes, tomaron la
ciudad. Los realistas fueron confinados en sus cuarteles, pero estos aprovecharon la situación para hacer volar el polvorín; enfurecidos, los insurgentes
paceños les dieron muerte. Para reconquistar La Paz, marchó desde
Oruro un regimiento realista de milicianos cuzqueños, con 1.500 fusileros al mando del general español
Juan Ramírez Orozco. Se enfrentaron en las afueras de La Paz, el
1 de noviembre de 1814, y los insurgentes resultaron derrotados. Pinelo y Muñecas ordenaron replegarse y una parte de la tropa quedó dispersa en la región en forma de
guerrillas.
La segunda sección patriota marchó a
Huamanga, bajo el mando del argentino
Manuel Hurtado de Mendoza, que tenía por lugartenientes al clérigo
José Gabriel Béjar y a
Mariano Angulo y llegaron a la plaza de la ciudad el 20 de setiembre. Días antes se desarrolló en esa ciudad el levantamiento de cientos de mujeres campesinas el cuartel de Santa Catalina (actual Centro Artesanal Soshaku Nagase) lideradas por
Ventura Ccalamaqui, en apoyo a la causa. Hurtado de Mendoza ordenó marchar a
Huancayo, ciudad que tomaron pacíficamente. Para enfrentarlos el virrey Abascal envió desde
Lima al
regimiento español Talavera, bajo el mando del coronel Vicente González. Se produjo la batalla de
Huanta, el
30 de septiembre de 1814; las acciones duraron tres días, luego de los cuales los patriotas abandonaron Huamanga. Se reorganizaron en
Andahuaylas y volvieron a enfrentarse a los realistas el
27 de enero de
1815, en
Matará, donde fueron nuevamente derrotados. Los patriotas volvieron a reorganizarse gracias a las guerrillas formadas en la
provincia de Cangallo. Entre tanto, el argentino Hurtado de Mendoza conformó una fuerza con 800
fusileros, 18
cañones, 2
culebrinas (fundidas y fabricadas en
Abancay) y 500 indios. Estas fuerzas estuvieron bajo el mando de José Manuel Romano, apodado “Pucatoro” (toro rojo). Debido a la traición de José Manuel Romano sobre Hurtado de Mendoza, a quien dio muerte y rindió a los realistas, los patriotas se dispersaron y los cabecillas de la revuelta fueron capturados. Las traiciones fueron un hecho común en las rebeliones independentistas de toda América. Las biografías de los actores sociales muestran que los cambios de bandos no eran extraños. En el caso de los líderes locales, sus filiaciones políticas estaban vinculadas a los conflictos locales que se expresaban en una mayor dimensión. Los
hermanos Angulo, Béjar, Paz, González y otros sublevados fueron capturados, llevados al Cuzco y ejecutados públicamente el
29 de marzo de
1815. La Corona tenía la política del escarmiento público como un mecanismo para intimidar a la población y evitar futuros alzamientos.
El tercer agrupamiento patriota hizo su campaña en
Arequipa y Puno, al mando del antiguo brigadier realista
Mateo Pumacahua, y contaba con 500 fusileros, un regimiento de caballería y 5.000 indios. Pumacahua, como curaca de
Chinchero, tenía un gran dominio y liderazgo entre la población indígena. Al
Cuzco fueron enviados los hermanos José y Vicente Angulo, con algún resguardo de indios y negros leales. El control del Cuzco era fundamental por motivos ideológicos y de logística. Por múltiples motivos, Cuzco tenía una fuerte influencia sobre el Alto Perú; y, a su vez, el Alto Perú mantenía un vínculo colonial administrativo con la ciudad de
Buenos Aires, uno de los grandes centros revolucionarios de los
años 1810 en Sudamérica.
Mateo Pumacahua, se enfrentó exitosamente a los realistas en la
Batalla de la Apacheta, el
9 de noviembre de
1814. Tomó prisioneros al
intendente de Arequipa José Gabriel Moscoso y al mariscal realista
Francisco Picoaga, su antiguo compañero de armas de la
batalla de Guaqui. Los patriotas ingresaron a
Arequipa. Por presión de las tropas patriotas, el cabildo de Arequipa reconoció a la
Junta Gubernativa del Cuzco, el
24 de noviembre de 1814. Pero la reacción realista no se hizo esperar. Pumacahua, enterado de la aproximación de tropas realistas, abandonó Arequipa. El cabildo abierto de Arequipa se volvió a reunir y se apresuró a acordar lealtad al rey, el
30 de noviembre de ese año. Tales cambios de “lealtad” en los dirigentes locales fueron normales durante toda la guerra, pues se escogía al sector que era dueño de la plaza fuerte, como una forma de garantizar la seguridad personal, familiar y de los bienes, no necesariamente por una inclinación ideológica ni menos una predisposición para la lucha a favor de cualquier bando.
Las tropas realistas, al mando del general
Juan Ramírez Orozco, ingresaron a Arequipa el
9 de diciembre de 1814. Luego de reponer fuerzas y de reforzar su milicia, el general Ramírez salió de Arequipa en busca de los patriotas en febrero de 1815. Dejó como gobernador al general
Pío Tristán. Ambos ejércitos, el realista y el patriota, se desplazaron cautelosos por diversos parajes de los
Andes, buscando un lugar propicio para el enfrentamiento. El
10 de marzo de
1815, se encontraron cerca de
Puno, en la
batalla de Umachiri, saliendo vencedores los realistas. El triunfo realista se debió al correcto equipamiento y mayor disciplina de sus tropas. Hubo más de un millar de muertos en el curso de la batalla. Entre los patriotas capturados estuvo el célebre poeta
Mariano Melgar, quien fue fusilado en el mismo campo de batalla. Pumacahua fue apresado en Sicuani, donde fue sentenciado a morir decapitado, pena que se cumplió el 17 de marzo.
La corriente libertadora del Sur y el surgimiento de la República Peruana (1820 - 1823)[editar]
Campañas navales[editar]
Expedición de William Brown al Pacífico[editar]
Guillermo Brown, de origen irlandés, inició su carrera en la marina estadounidense y llegó a ser jefe de las fuerzas navales de las provincias del Río de la Plata. En el año 1815 formó una expedición en Buenos Aires compuesta por 4 barcos que sumaban 150 cañones con una tripulación de 500 hombres. Brown regresó a Buenos Aires en 1818 con gran parte de su flota perdida en la navegación o apresada por la marina inglesa, después de cerrar la costa de Chile y de incursionar en los puertos del Callao y Guayaquil.
Expediciones de Thomas Cochrane[editar]
El gobierno de
Chile entregó al marino británico
Thomas Cochrane el mando de la escuadra chilena
23 24 para asegurar el mar y acometer contra la escuadra española que estaba apostada en el fondeadero del
Callao.
En enero de 1819, Cochrane hizo una primera incursión a las costas peruanas, llegando a bloquear y bombardear el Callao donde logró arrebatar varios buques a los españoles. También pasó por
Huacho,
Huaura,
Supe (cuyo cabildo declaró su independencia),
Huarmey y
Paita. En estos puntos buscaron la adhesión a la causa patriota. Cochrane regresó a
Valparaíso en junio y se embarcó en una segunda expedición en setiembre del mismo año que bloqueó el Callao y llegó a
tomar el puerto de
Pisco. De regreso a Chile se dirigió al sur de este país y logró
tomar las fortificaciones de Valdivia, acción en donde destacó el joven subteniente peruano
Francisco de Vidal, conocido como el “primer soldado del Perú”.
25
Seguidamente Cochrane pasó a formar parte de la "Expedición Libertadora del Perú" como almirante de la escuadra que transportaría y apoyaría a las fuerzas del general
José de San Martín.
26
José de San Martín y la expedición libertadora del Perú[editar]
Expedición Libertadora al Perú[editar]
Para llevar adelante la independencia del Perú, se firmó el 5 de febrero de 1819 un tratado entre Argentina y Chile.
27 El General
José de San Martín creía que la independencia de las Provincias Unidas del Río de la Plata no estaría totalmente segura mientras el
Perú fuera un importante bastión de las fuerzas realistas.
28 Se organizó una fuerza militar anfibia que en un principio sería financiada conjuntamente por los gobiernos de
Argentina y de
Chile, pero debido a la situación de anarquía en las provincias rioplatenses, el gobierno de Buenos Aires se desentendió de los presupuestos, siendo la casi totalidad de los costos asumidos por el gobierno de
Chile dirigido por
Bernardo O'Higgins. Se determinó que el mando del ejército fuera para
José de San Martín y de la escuadra para el
almirante Thomas Alexander Cochrane.
Inicio de la campaña del Perú[editar]

Placa referente a la independencia de Huamanga

Bandera del regimiento independiente de Tacna formado por
William Miller.
Las acciones de guerra de la expedición libertadora comenzaron con la
Primera campaña de Arenales a la sierra del Perú, y abarca todas las operaciones militares del general
Juan Antonio Álvarez de Arenales en la sierra, entre el 4 de octubre de 1820, cuando parte de Pisco, hasta el 8 de enero de 1821, cuando se reúne nuevamente con San Martín en
Huaura. El primer encuentro bélico se libró en Nasca, el 15 de octubre de 1820. Luego, Arenales ocupó
Ica, –que juró su independencia el día 21 de octubre–,
30 y avanzando hacia la sierra, pasó por la ciudad de Huamanga (
Ayacucho), que declaró su independencia el 1 de noviembre. El 6 de diciembre tuvo lugar la
Batalla de Cerro de Pasco, en donde Arenales batió a una división realista enviada por el virrey Pezuela.
31
El
21 de octubre de 1820, San Martín, en su cuartel de Pisco, dio un decreto estableciendo la primera
bandera del Perú y el primer
escudo del Perú, cuyos diseños serían posteriormente modificados por Bolívar, aunque la bandera conservó sus colores originales: el rojo y el blanco.
33
El 23 de octubre de 1820 la Expedición Libertadora se reembarcó con destino norte, pasando frente al Callao. Una parte de la flota, al mando del almirante
Thomas Cochrane,
bloqueó por tercera vez el puerto del Callao, donde
capturó a la fragata española
Esmeralda, el 5 de noviembre, con lo que se dio un golpe mortal a la marina realista en el Pacífico.
El 9 de noviembre, la Expedición Libertadora arribó al puerto de
Huacho (a 170 km al norte de Lima), donde desembarcó. Al frente de su ejército, San Martín avanzó hasta el poblado vecino de
Huaura, donde estableció su cuartel general.
34 Fue en Huaura donde por primera vez San Martín proclamó la independencia del Perú, en noviembre de 1820, desde un balcón que hasta hoy se conserva como joya histórica.
35
Otro suceso importantísimo, que ayudó decisivamente a la lucha emancipadora continental, fue la Independencia de todo el Norte del Perú, obra de los patriotas locales, que lo lograron de manera pacífica. Toda esa región se hallaba bajo la jurisdicción de la
Intendencia de Trujillo, cuya capital, la ciudad de
Trujillo, a instigación de su intendente
José Bernardo de Tagle, marqués de Torre Tagle, juró su independencia el 29 de diciembre de 1820. Sucesivamente hicieron lo mismo
Piura,
Cajamarca (6 de enero de 1821),
Chachapoyas,
Jaén (4 de junio de 1821) y
Maynas (19 de agosto de 1821); antes ya lo había hecho
Lambayeque (27 de diciembre de 1820).
38
El
8 de enero de 1821 la columna de Álvarez de Arenales regresó de su incursión en la sierra central y se reincorporó a la Expedición Libertadora en la costa.
En marzo de 1821 se produjo la incursión de las fuerzas patriotas de
Guillermo Miller y Thomas Cochrane sobre los puertos de Tacna y Arica.
40
El 4 de junio de 1821, el virrey La Serna se entrevistó personalmente con San Martín en la hacienda Punchauca, situada a unos 25 km al norte de Lima, en el actual
distrito de Carabayllo. Delegados de ambos continuaron en los siguientes días estas
Conferencias de Punchauca, pero al igual que lo ocurrido en las conferencias de Miraflores, no se llegó a algún acuerdo trascendente.
41
Lima se vio amenazada por el avance del ejército libertador y el acoso de las montoneras patriotas, estas mayormente conformadas por hombres andinos, lo cual es otro ejemplo del aporte valioso de los peruanos a la Independencia.
42
A comienzos de julio de 1821 se vivía en Lima una tremenda escasez de alimentos, debido al asedio de las montoneras, que cortaron las vías de comunicación con el exterior.
43Bajo el temor al pillaje o rebeliones, la población solicitó a San Martín que ingresara en la ciudad. San Martín aceptó, a condición de que se reuniera el cabildo o ayuntamiento de la ciudad y jurara la independencia.
44
Las avanzadas del Ejército Libertador ingresaron a Lima el 9 de julio de 1821.
45 El mismo San Martín hizo su ingreso en la noche del día 12 y dos días después lo hizo todo su Ejército.
Acta y proclamación de la independencia del Perú[editar]
En cumplimiento de lo acordado con San Martín, los notables de Lima se reunieron en Cabildo Abierto, con el propósito de jurar la Independencia. La firma del Acta de Independencia del Perú tuvo lugar el
15 de julio de
1821. Unos 300 ciudadanos principales firmaron el Acta ese día; en los días siguientes lo hicieron muchos más.
46 Manuel Pérez de Tudela, letrado
arequipeño, más tarde Ministro de Relaciones Exteriores, fue quien redactó el Acta de la Independencia
47 El temido almirante Cochrane entró en Lima el
17 de julio.
El sábado
28 de julio de
1821, en una ceremonia pública muy solemne, el generalísimo José de San Martín, enunció la célebre proclamación de la Independencia del Perú. Primero lo hizo en la
Plaza Mayor de Lima, después en la plazuela de La Merced y, luego, frente al Convento de los Descalzos. Según testigos de la época, presenciaron la ceremonia más o menos 16.000 personas.
48 El libertador con una bandera peruana en la mano, exclamó:
DESDE ESTE MOMENTO EL PERÚ ES LIBRE E INDEPENDIENTE POR LA VOLUNTAD GENERAL DE LOS PUEBLOS Y POR LA JUSTICIA DE SU CAUSA QUE DIOS DEFIENDE. ¡VIVA LA PATRIA!, ¡VIVA LA LIBERTAD!, ¡VIVA LA INDEPENDENCIA!.
José de San Martín. Lima, 28 de julio de 1821.
49
Basil Hall, capitán de la marina británica, que por entonces se hallaba en Lima, al comentar la ceremonia culmina diciendo:
Sus palabras fueron recogidas y repetidas por la multitud que llenaba la plaza y las calles adyacentes, mientras repicaban todas las campanas y se hacían salvas de artillería entre aclamaciones como nunca se había oído en Lima.
50
El Protectorado de San Martín[editar]

Primer Escudo de la República peruana.
Tras proclamar la independencia del Perú, San Martín asumió el mando político y militar de los departamentos libres del
Perú, bajo el título de Protector, según decreto del
3 de agosto de
1821. Su gobierno se llamó el
Protectorado del Perú. Dio al estado peruano su primera bandera y escudo, su himno nacional, su moneda, su administración primigenia y sus primeras instituciones públicas. Asimismo, creó la
Biblioteca Nacional del Perú, dio libertad a los hijos de los esclavos negros (
libertad de vientres) y abolió el tributo indígena. Pero quedaba pendiente la
Constitución Política (que debía ser obra de un Congreso Nacional) y mientras tanto, impuso un Reglamento provisorio, reemplazado después por un Estatuto provisorio.
51
Por su parte, el virrey
José de la Serna trasladó su cuartel general al
Cuzco, y desde allí trató de auxiliar el Callao enviando una división al mando de Canterac. Esta llegó a Lima el
10 de septiembre de 1821, y sin que las tropas patriotas intentasen detener su avance, se unieron a las fuerzas realistas sitiadas en el Castillo del Callao o Fortaleza del Real Felipe. Luego de dar a conocer las órdenes del virrey y de avituallarse, Canterac regresó a la sierra el
16 de septiembre de ese año. El mando patriota que contaba con 7.000 efectivos y 3.000 montoneros, reaccionó tarde. Las tropas patriotas al mando del general Guillermo Miller persiguieron la retaguardia del ejército realista, produciéndose escaramuzas principalmente por la acción de los montoneros patriotas. Canterac y La Serna, lograron reunirse en Jauja el
1 de octubre de 1821. Finalmente, los patriotas lograron la rendición de las fortalezas del Callao, el día 19 de septiembre de 1821. El general
cuencano José de la Mar, que era el jefe realista de dicha plaza, se sumó a la causa patriota.
52
San Martín abandona el Perú[editar]
El
27 de diciembre de 1821, San Martín convocó por primera vez a la ciudadanía con el fin de que eligiera libremente un Congreso Constituyente, con la misión de establecer la forma de gobierno que en adelante regiría al Perú, así como una Constitución Política adecuada.
Mientras tanto, la corriente libertadora del Norte, al mando de
Bolívar, avanzaba hasta la región de Quito, al norte del Perú. Desde Guayaquil, el grancolombiano
Antonio José de Sucre solicitó la ayuda de José de San Martín, que puso entonces en marcha la
Expedición Auxiliar de Santa Cruz a Quito desde Piura el
15 de enero de 1822. La libertad de Quito quedó sellada en la
Batalla de Pichincha librada el 24 de mayo de 1822. Posteriormente se produjo la
Entrevista de Guayaquil, el 26 de julio de 1822, y los dos libertadores discutieron sobre el destino de la
Provincia Libre de Guayaquil (si debía pertenecer a la Gran Colombia o al Perú), la ayuda que debía prestar la Gran Colombia a la independencia del Perú y sobre el sistema político que se instalaría en el Perú: Monárquico independiente como deseaba San Martín o Republicano como quería Bolívar. La entrevista se saldó favorablemente para Bolívar que ratificó la anexión de Guayaquil a la Gran Colombia.
53
En abril de 1822 se produjo otra ofensiva realista contra la costa, al mando de Canterac, que destruyó un ejército patriota en la
Batalla de La Macacona o de Ica. Mientras que en la zona de Ayacucho, se batían bravamente las montoneras de indios patriotas, bajo el mando de
Cayetano Quirós y
Basilio Auqui; en ese contexto se produjo el heroísmo de la dama ayacuchana
María Parado de Bellido, que desde Huamanga cooperaba con las fuerzas de Quirós enviando cartas con informaciones sobre los movimientos de los realistas. Descubierta, fue fusilada por orden del general
José Carratalá el 1 de mayo de 1822.
54
Por indisposición contra San Martín, el almirante Cochrane se retiró del Perú el
10 de mayo de
1822, siendo reemplazado en el mando de la escuadra por
Martín Guisse. Cochrane consideraba que
«el protectorado que estaba ejerciendo San Martín carecía de decisión, se mostraba dubitativo y su contribución no era realmente apreciada ni aprovechada». José de San Martín terminaría abandonando el Perú en septiembre de 1822.
Gobierno de la Suprema Junta Gubernativa[editar]
Primera Campaña de Intermedios[editar]
El nuevo gobierno juntista se abocó a la guerra contra los realistas que aún dominaban la sierra central y sur del Perú (incluyendo el Alto Perú), poniendo en práctica el plan esbozado por el mismo San Martín, llamado “Plan de los Puertos Intermedios”. Consistía en atacar a los realistas desde los puertos del sur peruano, combinado con otro ataque desde la sierra central, junto con una eventual acometida desde territorio rioplatense, para cercar así al enemigo. Esta primera
Campaña de Intermedios, comandada por el general rioplatense
Rudecindo Alvarado, acabó en total fracaso al no seguirse el plan completo y al no ponerse dinamismo en las acciones, lo que dio tiempo a que los realistas se pusieran a la defensiva.
Alvarado llegó a Iquique en donde hizo desembarcar un destacamento para que iniciara acción sobre el Alto Perú. Luego se dirigió a Arica, donde permaneció sin desembarcar por espacio de tres semanas, dando tiempo para que el virrey La Serna, informado por su servicio de espionaje de la presencia patriota, ordenara a sus lugartenientes
José de Canterac y
Jerónimo Valdés acudir con sus fuerzas a la zona amenazada. Cuando a fines de diciembre Alvarado desembarcó en Arica y avanzó sobre Moquegua se encontró con las fuerzas realistas que ocupaban mejores posiciones. Valdés le salió al encuentro, librándose la
batalla de Torata. El jefe realista resistió ocho horas hasta que llegó en su auxilio Canterac con su caballería; juntos pusieron en fuga a los patriotas, logrando así la victoria para la bandera del rey (
19 de enerode
1823. Animado Valdés con su éxito, persiguió a las tropas de Alvarado, alcanzándolas y venciéndolas definitivamente en la
batalla de Moquegua (
21 de enero de 1823). Las tropas patriotas, reducidas a la cuarta parte de su número original, tuvieron que reembarcarse precipitadamente y retornar al Callao con cerca de 1.000 sobrevivientes.
57
La corriente libertadora del Norte y la consolidación de la independencia (1823 - 1826)[editar]

Mapa de las campañas de independencia del Perú y Bolivia entre 1823 y 1826.
Tras la proclamación de independencia del Perú, el proceso parecía estancado por la resistencia militar española y la inestabilidad de los primeros gobiernos independientes. Así, mientras la costa y el norte del Perú eran independientes, la sierra peruana y el Alto Perú seguían siendo realistas. El virrey La Serna había establecido su sede de gobierno en el Cuzco. Dos campañas militares emprendidas por los gobiernos de Lima para acabar con la resistencia realista en el sur peruano (Campañas de Intermedios), culminarían en sendas derrotas. La anarquía amenazaba al naciente Estado Peruano, que vio producirse el primer golpe de estado de su historia (
Motín de Balconcillo).
Gobierno de José de la Riva Agüero[editar]
Motín de Balconcillo y fin de la Junta.[editar]
Debido al desastre bélico, el Congreso y la Junta de Gobierno quedaron tremendamente desacreditados ante la opinión pública. Ante el temor de una ofensiva española, los oficiales patriotas al mando del ejército acantonado en Lima, se movilizaron hasta la hacienda de Balconcillo, a media legua de la capital, desde donde exigieron la destitución de la Junta y la elección de un único Jefe Supremo. Se pronunciaron incluso por la persona indicada para asumir el gobierno: el coronel de milicias
José de la Riva Agüero y Sánchez Boquete, aristócrata criollo limeño, conocido por su labor de conspirador patriota. El Congreso, acatando este pedido, disolvió la Junta y nombró como Presidente a Riva Agüero (28 de febrero de 1823). Este episodio, conocido como el
Motín de Balconcillo, fue el primer golpe de estado de la historia republicana peruana.
58
El presidente
José de la Riva Agüero fue el primero en ostentar el título de
Presidente del Perú y en usar la banda presidencial bicolor. El nuevo mandatario volcó todo sus esfuerzos en organizar y fortalecer el
ejército peruano, con el propósito de iniciar una nueva campaña para poner fin a la resistencia realista en el sur peruano. Formó además la primera escuadra peruana, cuyo mando encargó al vicealmirante
Martin Guisse. También acordó un empréstito con el gobierno británico, que ascendió a £ 1.200.000 y envió misiones diplomáticas a la
Gran Colombia,
Chile y
Argentina para solicitar la ayuda de estos países para consolidar el proceso continental de independencia.
Segunda Campaña de Intermedios[editar]
El más importante hecho del gobierno de Riva Agüero fue la organización de una
Segunda Campaña de Intermedios. Esta expedición la comandaba el general
Andrés de Santa Cruz y como jefe de estado mayor iba el entonces coronel Agustín Gamarra. Santa Cruz prometió regresar victorioso o muerto. Era la primera vez que se ponía en acción un ejército formado íntegramente por peruanos. Santa Cruz desembarcó sus fuerzas en
Iquique,
Arica y Pacocha y avanzó sobre el
Alto Perú. Los patriotas obtuvieron al principio algunas victorias. Gamarra ocupó
Oruro y Santa Cruz
La Paz. Pero la reacción de los realistas no tardó en producirse. El general realista
Gerónimo Valdes atacó a Santa Cruz, produciéndose la
batalla de Zepita (25 de agosto de 1823), a orillas del
lago Titicaca. Los patriotas quedaron dueños del campo, pero sin obtener una victoria decisiva. Pero en vez de consolidar su victoria, Santa Cruz ordenó la retirada hacia la costa, siendo perseguido muy de cerca por las fuerzas de La Serna y Valdes, quienes despectivamente denominaron a esta campaña como la “campaña del talón”, aludiendo a lo cerca que estuvieron de los patriotas que se retiraban apresuradamente, casi “pisándoles los talones”. Santa Cruz no frenó hasta llegar al puerto de
Ilo donde se embarcó con 700 sobrevivientes. La campaña terminó, pues, en total fracaso para los patriotas.
59
Para colmo, aprovechando que Lima se hallaba desguarnecida, el jefe realista
José de Canterac avanzó desde la sierra contra la capital, donde ingresó el 19 de junio de 1823. El gobierno y el Congreso se vieron obligados a trasladarse al Callao. Esta ocupación realista de Lima sería efímera.
Por esos días se produjo el heroísmo del pescador indio
José Olaya, quien oficiaba de mensajero o informante al servicio de los patriotas de Lima. Descubierto por los realistas, fue torturado para que delatara a sus contactos, pero se mantuvo en silencio. El 29 de junio de 1823 fue fusilado en el callejón de Petateros, cerca a la Plaza Principal de Lima, hoy llamado Pasaje Olaya, en su honor.
60
Destitución de Riva Agüero[editar]
Tras los reveses de los patriotas, surgió una pugna entre Riva Agüero y el Congreso. El Congreso destituyó a Riva Agüero, el 23 de junio de 1823. Éste marchó a
Trujillo (norte del Perú), donde instaló su gobierno, con su propio Senado, rebelándose así contra la decisión del Congreso.
En Lima, el Congreso nombró en reemplazo de Riva Agüero a
Torre Tagle (el mismo que proclamara la independencia de Trujillo), que se convirtió así en el segundo Presidente del Perú. De ese modo, dos gobiernos se disputaron el poder en el Perú, asomando la amenaza de la anarquía.
61
Instauración de la Dictadura de Bolívar.[editar]
Tras el fracaso de la Segunda Campaña de Intermedios emprendida por el presidente Riva Agüero, el Congreso peruano decidió solicitar en 1823 la intervención del Libertador
Simón Bolívar.
62 Bolívar ya había enviado antes al general
Antonio José de Sucre, quien mantuvo la autonomía de las agrupaciones militares de Colombia, sin comprometerlas en las campañas de intermedios. Bolívar, tras acabar con la resistencia de los
pastusos en la
batalla de Ibarra, se embarcó y arribó al Callao, haciendo su entrada a Lima el
1 de septiembre de 1823.
El día 10 de septiembre el Congreso de Lima otorgó a Bolívar la suprema autoridad militar en toda la República. Seguía siendo Torre Tagle presidente, pero debía ponerse de acuerdo en todo con Bolívar. El único obstáculo para Bolívar era Riva Agüero, que instalado en Trujillo con un ejército de 3.000 hombres, dominaba parte del norte peruano. La guerra civil se evitó al ser Riva Agüero apresado por sus propios oficiales, encabezados por
Antonio Gutiérrez de la Fuente, quien, desoyendo la orden de Bolívar de que fusilara a su jefe, optó por enviarlo al destierro. Así se unificó el mando del país en manos de Bolívar.
63
El 5 de febrero de 1824, se produjo una
sublevación en la Fortaleza del Callao, instigada por los españoles. Las tropas argentinas y chilenas, que guarnecían dicha fortaleza, se amotinaran en reclamo por pagos devengados y otros maltratos. Los amotinados lograron tomar el fuerte, liberaron a los prisioneros españoles, les devolvieron sus cargos y jerarquías y junto con ellos, enarbolaron la bandera española, cometiendo así una traición a la causa libertadora. Ante tal delicada situación, el Congreso dio el 10 de febrero un memorable decreto entregando a Bolívar la plenitud de los poderes para que hiciera frente al peligro, anulando la autoridad de Torre Tagle. Se instaló así la Dictadura.
64
Campaña y batalla de Junín[editar]
Con poderes absolutos y contando con refuerzos llegados de la Gran Colombia, Bolívar se instaló en Trujillo, donde organizó el
Ejército Unido Libertador del Perú, con miras a las campañas finales de la independencia del Perú. Para ello contó con los recursos humanos y materiales que le brindó la población peruana a manos llenas.
65
Mientras tanto, la
Restauración absolutista en España causó la división en las filas realistas, lo que se hizo evidente con la
sublevación del 22 de enero de 1824 del general
Pedro Antonio de Olañeta en el Alto Perú. La Serna se vio obligado a enviar al general Valdés contra Olañeta, produciéndose el enfrentamiento de la mitad del ejército realista entre si.
66 Aprovechando esta coyuntura, Bolívar abrió campaña contra el ejército realista más cercano, que era el de
José de Canterac, el cual estaba acantonado entre
Jaujay
Huancayo.
El ejército libertador avanzó hacia el Sur, rumbo a la sierra central, apoyado eficazmente por las montoneras peruanas. En junio de 1824, arribó a
Huánuco y luego siguió hacia
Cerro de Pasco.
A principios de agosto de 1824, Bolívar concentró sus fuerzas en la región de Quillota, Rancas y Sacramento. Sumaban en total unos 8.000 hombres. El 2 de agosto pasó revista a su ejército en el llano de Rancas, a 36 km de Cerro de Pasco. Terminada la revista, arengó a sus soldados desplegando una elocuencia arrolladora.
El ejército libertador continuó su avance hacia el Sur, bordeando el
lago Junín. Canterac, que avanzaba por la orilla contraria del lago, fue sorprendido por el avance patriota y continuó apuradamente su marcha hacia al Sur, con el propósito de enlazar con el grueso de las fuerzas virreinales, pero ya era tarde. Al amanecer del 6 de agosto, ambos adversarios convergían al extremo sur del lago sobre la ciudad de Reyes (hoy
Junín).
Bolívar, al llegar a la pampa de Junín, observó que la infantería realista ya había pasado y que sólo la caballería realista, que iba a retaguardia, se encontraba a la vista. Para evitar que Canterac huyera, Bolívar ordenó a su caballería, al mando del general
Mariano Necochea, que atacara al ejército realista. La infantería patriota se hallaba aún rezagada y era por ello necesario ganar tiempo.
Por su parte, Canterac ordenó a su caballería que frenara a los patriotas, poniéndose él mismo a la cabeza, mientras que su infantería continuaba su marcha al sur. Los patriotas, desplegados en un mal terreno, empezaron a retroceder ante la embestida realista. Necochea fue herido siete veces y todo hacía presagiar que la lucha culminaría en derrota para los patriotas. Fue entonces cuando se produjo la intervención de un escuadrón de los Húsares del Perú, al mando del coronel argentino
Isidoro Suárez, quien pidió órdenes a su superior, el general
José de la Mar, con respecto al escuadrón bajo su mando, que permanecía intacto. El ayudante del escuadrón, mayor
José Andrés Rázuri (natural de
San Pedro de Lloc), fue el encargado de llevar el mensaje a La Mar, quien ordenó a Suárez que pusiera a salvo su escuadrón, pero Rázuri, embargado por el sentimiento patriota, cambió esta respuesta por la orden de ataque. Suárez ordenó entonces la carga contra la retaguardia realista, lo que desordenó a esta y dio tiempo para que los perseguidos patriotas se rehicieran y volvieran a la lucha. La derrota segura de los patriotas se trastocó así en una espléndida victoria.
67
La batalla duró unos 45 minutos; fue un combate cuerpo a cuerpo, con arma blanca (lanzas y sables), sin que se utilizaran armas de fuego. Murieron 254 realistas y 143 insurgentes. 80 realistas fueron tomados prisioneros. Bolívar, que había dado por segura la derrota y se había alejado del campo, recibió de pronto el parte enviado por Guillermo Miller en que se anunciaba la victoria. El Libertador estalló en alegría y dispuso desde entonces rebautizar a los Húsares del Perú como los
Húsares de Junín. Este escuadrón estaba compuesto por aguerridos montoneros andinos y es otro de los innumerables ejemplos de la participación activa y decisiva de los peruanos en la lucha por su independencia.
68
Campaña y batalla de Ayacucho[editar]
Tras la victoria de Junín, Bolívar regresó a Lima para recibir otro ejército de refuerzo, delegando al general
Antonio José de Sucre el mando del excelente ejército patriota de 8,500 veteranos americanos y voluntarios extranjeros, y ordenándole, en caso de peligro, replegarse desde la línea del
río Apurimac obtenida en el avance patriota desde Junín. El virrey La Serna resolvió un contraataque decisivo antes del regreso de Bolívar, y se vio urgido a rehacer sus fuerzas con un grupo heterogéneo de hombres, campesinos sin instrucción militar formado por indígenas y mestizos de “habla quechua”, negros, pardos, criollos y españoles, supervivientes del antiguo ejército real. En el alto mando español permanecían el grupo de
liberales obligados a jurar por el
rey absoluto.
El 9 de diciembre de 1824 se libró la
batalla de Ayacucho, que fue el encuentro final por la Independencia del Perú. Desde el Cuzco y tras una durísima marcha en la cordillera de los Andes, salpicado de combates como la
Batalla de Corpahuaico, ambos ejércitos mermados alcanzaron el campo de Ayacucho. Los patriotas tan solo contaban con 5.780 hombres mientras los realistas todavía contaban con 6.906 soldados de los 9.310 hombres que pasaron lista en su cuartel general de
Limatambo. El escenario de la batalla final fue la Pampa de la Quinua, cerca de
Huamanga. Los patriotas se desplegaron en la pampa, mientras que los realistas ocuparon las faldas del cercano cerro Condorcunca. El ejército patriota estaba dividido en tres divisiones: una peruana, al mando de
José de la Mar (que incluía la Legión Peruana); y dos divisiones colombianas, al mando respectivamente de
Jacinto Lara y
José María Córdova. El ejército realista se dividió también en tres divisiones, comandadas por los generales
Valdés,
Monet y Villallobos.
Antes de la batalla, Sucre arengó a sus soldados con estas palabras:
De los esfuerzos de hoy pende la suerte de la América del Sur, otro día de gloria va a coronar vuestra admirable constancia. ¡Soldados!: ¡Viva el Libertador! ¡Viva Bolívar, Salvador del Perú!
La batalla se inició a las diez de la mañana. La Legión Peruana de La Mar fue la primera en sufrir el ataque realista, de parte de la división Valdés, sufriendo una fuerte embestida. Los peruanos resistieron a pie firme, pero cuando empezaron a ceder y requerir auxilio, Sucre ordenó que fueran en su apoyo las reservas de jinetes peruanos. La División Peruana pudo entonces contener a Valdés, lo que fue un hecho crucial para el resultado final de la batalla. Los realistas trataron de adelantar sus milicias por el otro flanco de la batalla, pero aislados fueron deshechos por la caballería colombiana. Seguidamente, Sucre ordenó el avance de la división de Córdova, quien al grito de
«¡Adelante! ¡Armas a discreción! ¡Paso de vencedores!», inició el ataque general, desorganizó a la división Villalobos, llegando arrolladoramente hasta la mitad del Condorcunca. Empezó entonces el repliegue realista. Canterac no consiguió rehacer la línea. Por su parte, La Mar se repuso y avanzó contra Valdés, quien resistió desesperadamente. La batalla terminó en la cima del Condorcunca a la una de la tarde, con una completa victoria de los patriotas.
69
Los realistas tuvieron 1.800 muertos y 700 heridos; los patriotas, 370 muertos y 609 heridos. La cuarta parte de los combatientes resultó muerta o herida, lo que nos da una idea de la ferocidad de la lucha. El mismo virrey La Serna fue herido y tomado prisionero. A Canterac, que le sucedió en el mando, no le quedó otro recurso que aceptar la oferta de honrosa capitulación que le hizo llegar el mando patriota, o enfrentarse a
Pedro Antonio de Olañeta en el Alto Perú.
En teoría, en Ayacucho combatieron en filas patriotas unos 4.000 grancolombianos y unos 1.500 peruanos (repartidos en esas fuerza se hallaba una escasa fracción de chilenos y rioplatenses). Sin embargo, hay que tener en cuenta que las bajas en los escuadrones o batallones colombianos eran cubiertas con los naturales del país, por lo que el número de peruanos debió ser más elevado.
70
La Legión Peruana, que tuvo una actuación destacada y decisiva en Ayacucho, junto con los montoneros andinos y el resto de la división peruana, más los oficiales y tropas realistas capitulados, se constituyó la base del
ejército peruano que serviría para libertar el territorio de la actual Bolívia.
La victoria de Ayacucho determinó el final del virreinato del Perú, que se concretó con la firma de la
capitulación de Ayacucho.
71
Campaña del Alto Perú[editar]
Pero en el
Alto Perú se encontraba el general español
Pedro Antonio Olañeta, quien no aceptó la Capitulación y anunció su deseo de seguir batiéndose por el rey. Sucre abrió entonces campaña en dicho territorio, cruzando el
río Desaguadero con las división de Córdova y la división del Perú del ejército libertador.
72 Bastiones y unidades realistas capitularon unas tras otras. La guerra regular en el Alto Perú terminó con el
combate de Tumusla, donde el mismo Olañeta resultó victimado en una balacera desatada por sus propios soldados.
73
El gobierno del Perú (lo mismo que el rioplatense el 9 de mayo de 1825), emitió un decreto donde pidió la delimitación de la fronteras y también dejó en libertad a Simón Bolívar para resolver la pertenencia del
Alto Perú a la
Argentina o el
Perú, o la
independencia de Bolivia que fue lo que finalmente ocurrió.
74 75
Resolución del Congreso constituyente del Perú se deja al juicio del Libertador el establecimiento de un gobierno provisorio en las provincias indemnización para el caso de que las Altas queden separadas de las del Perú. Decreto del 23 de febrero de 1825:
artículo 3º: que si verificada la demarcación según el artículo constitucional resultaren las provincias Altas separadas de esta república el gobierno a quien pertenecieren indemnizará al Perú los costos causados en emanciparlas.
Fin de la guerra[editar]
Tratado de paz y amistad[editar]
Estados Unidos, Inglaterra y las potencias continentales europeas, principalmente Francia, se disputaban el nuevo equilibrio del poder Atlántico, un drástico cambio político y comercial, mediante el reconocimiento de las nacientes repúblicas tras su separación de España.
El rey español
Fernando VII muere en 1833 y el parlamento español el
4 de diciembre de
1836 renuncia de todo derecho de soberanía sobre América continental y autoriza a sus gobiernos para sellar tratados de paz y amistad con las nuevas repúblicas reconociendo su independencia. Sin embargo, debido a distintos desencuentros, España concluirá el tratado con el Perú en fecha del
14 de agosto de
1879, mediante la firma en París del
Tratado de Paz y Amistad España-Perú, por parte de España lo hace el Marqués de Molíns y Mariano Roca de Togores, y por el Perú,
Juan Mariano de Goyeneche y Gamio, Conde de Guaqui. España envía como su primer embajador en Lima a Emilio de Ojeda.
77